jueves, 28 de enero de 2010

Dead!


-¡Feliz 2010!
Y tras los saludos Mario, Fatima y yo cogimos nuestras bolsas y fuimos dirección a la Mered donde pasaríamos la Nochevieja y, con suerte, una buena noche. Al llegar nos reencontramos con todo el mundo. A algunos como a Jokin ya los había visto anteriormente, a otros como Pepe sin embargo lo saludé después de tanto tiempo y la verdad es que fue muy reconfortante volver a verlos. Aunque dadas ciertas incidencias tuvimos que movernos para estar también con Ferrer lo cierto es que eso sirvió para que nos encontráramos con personas a las que habíamos ido dejando atrás en nuestras vidas y que ahora reaparecían para felicitarnos el año y hablarnos de sus nuevas vidas. Salí de mi casa corriendo. Como siempre me lo había dejado todo para el final y ahora tan solo tenía 30 minutos para llegar desde mi casa a la estación de tren. El taxi apareció puntual.
-¡Chacho! ¿a dónde vas con esta maleta?-me preguntó el taxista
-A América-le dije yo jadeando
-Y qué, ¿te has follado ya a muchas americanas?-me respondió. El viaje comenzaba de una forma un tanto extraña. Por suerto cogimos la autovía y llegamos a la estación 10 minutos antes que el tren. Próxima parada: Madrid.

Mario y yo andábamos por aquel parque por primera vez desde hacía muchos años. Allí habíamos bebido infinidad de veces, tocado la guitarra, fumado y demás cosas que tal vez no deba contar aqui. El caso es que para nosotros era un sitio lleno de recuerdos. Allí quedamos una vez para hacer botelleo antes de nuestro viaje a Terra Mítica a las 6 de la mañana. O aquella vez que nos sobró una garrafa de Calimotxo y montamos una cachimba tamaño XXL. El caso es que cuanto mas andábamos por ese parque mas recuerdos nos venían a la cabeza. Pero ahora estaba vacío, estaba frío y abandonado, como sin vida. Este lugar estaba muerto. De repente me empecé a dar cuenta de que ya no teníamos 16 años, y aunque estar allí me transportaba de alguna manera a aquella época lo cierto es que el tiempo se lo había comido todo y de no ser por algunas de las fotos que aún nos quedan, muchos recuerdos habrían desaparecido de nuestra memoria. Por fin subí al avión con dirección a Boston. Pese a haber estado a punto de perder el pasaporte y algunas incidencias mas ya estaba allí sentado y con suerto no perdería el autobús que me llevara a Hampshire. El vuelo iba a ser largo pero por suerte yo llevaba cierto libro de tapas negras que me habían regalado por mi cumpleaños. Para mi era algo muy especial pues sería algo que me recordaría a ella estos cuatro meses y de alguna manera si me lo terminaba de leer pronto cumpliría con la promesa que le hice y podría olvidarla mas fácilmente. Así que lo abrí por el Capitulo 1: El Mensaje.

Y había llegado el final. Nada mas salir del bar la puerta metálica cerró a nuestra espalda y pese a que no hacía frío ya era tarde, al día siguiente teníamos cosas que hacer bien temprano y por tanto no podíamos quedarnos mucho rato. Así que me despedí de Rosa y de Claudia, las miré por última vez y, dando media vuelta, volví para mi casa. Habíamos tenido una larga conversación aquella tarde, y de lo que se resolvió allí sólo puedo decir que quedó una servilleta pero lo cierto es que los tres hicimos buenos propósitos y eso nos empujaba a partir de entonces a seguir para adelante. Ahora sólo me quedaba esperar. Si terminaba en Roma sería por él. Si acababa en Valencia sería por ella. Dos personas a las que les debo mi tiempo: Lo que no fue o lo que pudo haber sido. Pero ya en esto no tengo dudas. Vaya a donde vaya será cosa del Destino. Finalmente paramos asi que me levanté de mi asiento, cogí mi equipaje y salí de la Estación. Era extraño pues aunque ese era el sitio donde yo vivía ahora se veía un tanto diferente. Era como estar en tu casa rodeado de extraños. Pero aún tenía que llegar a mi habitación así que reuní fuerzas, empujé la maleta y eché andar. Después de todo ya estaba en Murcia.

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