
Hacía un día muy bueno y todo estaba saliendo bien. Tras el partido de fútbol de la mañana era hora de ponerse a comer algo. Había sido un poco caótico todo pues organizar unas fiestas de BBAA no era fácil. Ahora empezaba a entender a Alberto. Le echábamos de menos. Y al cabezota de Jesús también. Aún no se había dignado a aparecer, y con lo perdido que andaba ese año no podía saber si lo llegaría a ver a lo largo del día. Al menos Leyre y María si que estaban dando el 100% en la fiesta, y eso compensaba bastante, aunque en ese preciso instantes las había perdido de vista. Sin embargo la ayuda inesperada de los de Grado habían hecho que la fiesta se mantuvieran. Había sido una idea fantástica el poder contar con ellos para el Picnic, y me sorprendieron muy gratamente al ver toda la energía que derrocharon en esa fiesta. Claro que para ellos era su primera fiesta. Mi memoria nunca ha sido muy buena, pero no podría olvidar aquella tarde que pasamos todos juntos en ese mismo lugar y a todos aquellos que se fueron. Pero ahora tenía que tener presente a los que estaban allí conmigo y disfrutar de la que posiblemente sería mi última fiesta como estudiante de BBAA de Murcia. Así estaba yo cuando vi como Leyre se acercaba corriendo muy exaltada gritando: ¡Es él! !Quiere hablar contigo!.
Con el ruido de fondo y la mala cobertura apenas podía escucharlas, aún así me mantuve 15 minutos con el teléfono en la oreja. 15 minutos en los que me había transportado a esas fiestas de música alta, risas, alcohol y buen royo que tanto añoraba. Después de mucho tiempo hablé con María, después de no tanto con Leyre y después de mas del esperado con Claudia. Pero lo cierto es que mi estado emocional en aquellos momentos no me daba el humor para enfrentarme a mi mundo. No era lógico que me pusiera así, se supone que había superado mis derrumbamientos emocionales mucho tiempo atrás, y allí estaba. Quizás el aislamiento, la soledad y el frío eran los culpables de todo, pero si no ocurría un milagro pronto, no podría volver a España con la cabeza bien alta diciendo que había pasado uno de los mejores años de mi vida. Y yo no creo en los milagros, los milagros forman parte de la suerte, y la suerte es para los que esperan con las manos abiertas a que les caiga su inmerecido premio. No, yo era de los que me forjaba mi propio Destino. Luchaba por salir, hacer cosas, reventar los días y las noches, y sin embargo el aislamiento al que Hampshire me estaba sometiendo en esos momentos había mermado casi íntegramente toda mi voluntad. Cada vez veía mas claro que abandonaría los Estados Unidos por la puerta de atrás. Cada vez estaba mas claro que me tenía que ir lo antes posible.
Pero América no había acabado conmigo. No me dejaría marchar tan fácilmente. Cuando ya estaba firmemente convencido de regresar a España la semana del 15 de Marzo, un problema de visado me frenó los pies. Otra vez las leyes ridículas americanas me estaban jodiendo la vida y me estaban cortando las alas. A cada día que pasaba veía mas claro que no me quedaría a vivir en ese país en un futuro tal y como habría soñado en la adolescencia. Pero podría haber sido peor. Una vez acabado el Spring Break solo tuve que aguantar una semana mas antes de coger el bus y largarme a Nueva York con mis padres. Salir de Hampshire era lo que necesitaba. Tal vez ese no fue el mejor viaje de mi vida, pero resultó increíblemente reconfortante y relajante. Fue como un paréntesis a medio camino entre mis dos mundos, mi hogar aquí en Massachusetts y mi acogedora casa de Murcia. Cuando volví ya en Abril mis ánimos y mis energías se habían recargado un poquito, aunque estaba firmemente convencido de que nada iba a cambiar por eso reservé mi ticket para el 12 de Mayo. Sin embargo el Destino me tenía reservado un giro brusco. Como una montaña rusa parecía que me había estado subiendo por la empinada cuesta durante esos dos meses y justo en ese momento me encontraba en la cima. Yo no podía figurarme nada pero parecía que mi lucha contra el aislamiento y la soledad, las dudas y el amor no correspondido iban finalmente a dar sus frutos. El vagón ya se encontraba en el pico mas alto, inmóvil, esperando a caer de un momento a otro. Y la caída iba a ser brutal.
Faltan 5 días
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