
Ya estaba en Murcia, ya estaba en casa. Aún no me lo podía creer, todo había sido tan rápido y sin embargo al verme sentado otra vez en el sofá de mi casa pensaba en Hampshire como si hubiera sido un sueño. También es verdad que la falta de sueño y la paliza del viaje me hacían ver la realidad un tanto distorsionada, pero lo que estaba claro era que había vuelto a mi vida después de mi ausencia esos 4 meses. Pero había algo mas importante que mi propia comodidad, mis tres razones, las 3 personas a las que les debía algo y con las que tendría que solucionar lo que quedó pendiente antes de volver a América para avanzar. Porque mi estancia en América no era casual, había ido para demostrarme ciertas cosas a mi mismo, ciertas inseguridades que se habían formado en mi cabeza durante los tres últimos años. Pero lo primero era romper las barreras que bloqueaban el camino así que al día siguiente comencé por la primera. No iba a forzar nada, todo quedaría en manos del Destino. Y justo a las 5 de la tarde Rosa inició sesión. Tal y como yo quería. Empecé a hablar con ella sobre mi estancia en Boston con mi primo (que era dónde se suponía que yo debía estar) y en cierto momento le dije que le tenía que contar algo a ella y a Bea (que dormía la siesta) pero que podía resultar traumático, pero que me esperaran 10 minutos. Justo en ese momento me puse la chaqueta y salí de casa rumbo al Maristas La Fuensanta. Y en apenas 600 segundos toqué el telefonillo.
-¿Si?
-¿Está Rosa?
-Si soy yo...
-Te dije que podía ser traumático
En ese momento oí muchos sonidos a la vez: una exhalación profunda, el timbre que abría el portón de la calle, una puerta que se abría muy deprisa y varios pasos que bajaban las escaleras. Pero lo mejor fue la cara de Rosa; había merecido la pena el haber estado 20 horas tirado alrededor del mundo solo para ver esa cara. Una vez subimos al piso Rosa decidió que la mejor forma de despertar a Bea era meterme en su habitación. Y así lo hizo. Fue todo muy extraño. Nos miramos pero no nos movimos. Y no fue hasta que Bea murmulló eso de "estoy soñando" hasta que yo alcancé su cama y la abracé con fuerza. Entonces me di cuenta de cuánto la había echado de menos.
Susana ya estaba allí cuando alcancé la parada del autobús. Nos montamos y fuimos hasta Hitchcock donde supuestamente era la fiesta. María me habían dicho de ir aquella mañana en la Spanish Table. La Spanish Table era un evento de Amherst College en donde se hablaba español, pero lo mas importante, se conocía a mucha gente de habla hispana. Lo cierto es que comparar Amherst con Hampshire era como comparar el día y la noche. El primero se enorgullecía de su riqueza mientras que el segundo intentaba ser lo mas anarquista posible. Pero entre medias siempre se podía encontrar algo bueno, y allí es donde nosotros estábamos aquella noche.Una latinada organizada por gente de Amherst que en cierto modo estaba aburrida de las partidas de Dominó de los niños ricos. Y allí estaba yo, estudiante de Hampshire, que ya había aborrecido las tertulias filosóficas de los pequeños pseudohippies gringos. Y allí estábamos para beber, bailar, conocer gente y pasárnoslo bien. Cuando llegamos tan solo estaba Alberto empezando a organizarlo todo. El gaditano y yo habíamos tenido bastante contacto durante las últimas semanas por motivos que ya mencionaré posteriormente pero había aún una cierta distancia entre nosotros. Mas tarde apareció María, la chica de Barcelona, acompañada de Gabriela, Estefanía y Natalia. Conforme fue llegando mas gente empezamos con la música y la fiesta y a olvidarnos de nuestros problemas. Según avanzó la noche se nos unieron Ondrej, Noor y Kabir, un chico indio al que yo apenas conocía de vista. Pero esa noche fue realmente especial. Era la primera vez en meses en la que yo realmente me sentía feliz. Tal vez había bebido demasiado, pero la gente, el ambiente y el buen royo hicieron que la fiesta se convirtiera en algo realmente bueno. Lo cierto es que desde que acabara el Spring Break y empezara el buen tiempo, mi aislamiento se había ido reduciendo. Cierto proyecto común con Alberto y la posibilidad de ir a Amherst College mas a menudo me habían devuelto las ganas de estar ahí. Y ahora encima esto, a mes y medio de marcharme. No era justo. Pero era maravilloso el poder sentirme asi... Y entonces abandonamos la fiesta a las 2. Pero como ya dije bebí mucho, y eso mi estomago no pudo resistirlo mas, así que antes de poder dormir no tuve mas opción que vaciar todo mi cuerpo.
Una vez salí del piso decidí que era el momento de cumplir con la primera de mis razones. Pero solo si el Destino quería. Así que me senté delante del ordenador y esperé pacientemente hasta que a eso de las 9 y media le vi conectado. Todo estaba saliendo a la perfección aquella tarde. Apenas 20 minutos después le vi a lo lejos llegando al Zig Zag. Hacía por lo menos 7 meses que no veía a Adrián, pero ya estaba allí después de tanto tiempo. Después de haberle prometido que me despediría de él para antes de irme a los States y no hacerlo. Y Adrián era una persona lo suficientemente importante para mi para que una promesa tan simple como una despedida se convirtiera en una razón por la que debía volver. Claro que no sería un adiós sino un hasta luego, pero aún así el no dejar las cosas cerradas es algo que siempre te deja una espinita clavada. Así que era esa la primera razón que iba a cumplir esa noche, el reunirme con él como no había podido hacer durante el verano. Y allí estaba él. Había cambiado por fuera pero sobre todo había cambiado por dentro. Mantenía su seguridad habitual, pero la vida le sonreía y tenía muchos planes para el futuro. De todos los amigos que había hecho en informática era con él con el que mas contacto había mantenido y ahora me alegraba un montón ver lo fuerte que se había hecho a pesar de todos los percances que había tenido en el pasado. Estaba claro que no se iban a repetir ciertos momentos, pero verle así de contento me hacía sentir muy bien. El resto de la noche fue tranquila. Lo mejor estaba aún por llegar.
Cuando me desperté la cabeza me daba vueltas, pero había algo mucho mas doloroso que la jaqueca. Se trataba de esa voz. Esa voz que al principio apenas podía entender pero que a medida que abría los ojos se iba haciendo cada vez mas y mas clara. Me palpitaba en la sién con una fuerza asombrosa pero lo mas raro no era eso. Lo mas raro era el como me sentía: vacío. Como si la noche anterior al vomitar no sólo hubiera expulsado todo el alcohol, la comida y la bilis de los dos últimos días, sino algo más mucho mas profundo y mucho mas intenso. Aún no sabía lo que era pero en esos momentos la transformación ya había comenzado. Pero la voz seguía ahí con mas fuerza y me gritaba una y otra vez que me tenía que quedar en América mas tiempo. Es muy difícil de explicar, solo se que no era producto de ningún estupefaciente. Solo se que el corazón me latía a un ritmo frenético y mi cuerpo entero me pedía que lo hiciera. Era mi Destino. Y así lo hice. Cambié la fecha de mi regreso. Ya no volvía el día 13. Volvía el 20 de Mayo.
Faltan 11 días
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