
Iba en el bus con Antonio de vuelta a Murcia. Había sido una noche muy larga, pero lo peor era que había sido la última noche en la que vería a María, pues dudaba seriamente que fuera a aparecer en el Leyendas. Así cuando llegamos finalmente a la parada yo me despedí de mi compañero y seguí el camino hacia mi casa. Los nervios me estaban pasando factura, me habían alterado completamente el cuerpo. Entre las cefaleas, los dolores de costado y los desordenes estomacales no me parecía extraño que en cualquier momento me fuera a colapsar, así que en cuanto llegué a mi habitación me tumbé en la cama y empecé con los ejercicios de relajación que la fisio me había recomendado. Algún día sería capaz de tomarme la vida menos en serio, pero hasta entonces estaba destinado a depender de calmantes y analgésicos para paliar todos mis miedos e inseguridades. Tan solo quedaban 17 días para marcharme y que se acabaran todos mis problemas. Y así es como pasaron dos días. Mucho mas repuesto volví a la estación el Viernes para coger el bus por última vez a San Javier. Sin embargo mucha gente petaba los autos por aquellas fechas así que me quedé esperando y conocí a una vivaracha muchacha de Valencia que también iba al leyendas. Al menos no tuve que esperar solo.
El Spring Break avanzaba a un ritmo alarmante. Todos tenían sus planes menos yo, tonto de mi, que se iba a quedar en Hampshire aislado del mundo. Pero claro, todos tenían sus propios planes. Lo que mas odiaba era la independencia de mis compañeros. Sentía que no podría ser realmente amigo de nadie pues nunca se establecían lazos lo suficientemente fuerte. Y yo me había malacostumbrado a tener muy buenos amigos. Si hubiese llegado a Hampshire con 16 años habría sido feliz en ese ambiente solitario y de auto meditación, pero yo lo que necesitaba era una persona con la que estar horas y horas en un balcón hablando a la vez de todo y de nada. Ondrej era de mis mejores apoyos en el Campus, pero sus situación hacía que lo viera poco por semanas. También Susana, a la que solía visitar a su cuarto, era una excelente descarga de emociones, pero breve pues sus innumerables assignments no le daban ni un respiro para poder dedicarse a otras cosas. Y yo lo que quería era salir y aprovechar que estaba en America. Al menos mis padres iban a llegar en 3 semanas para sacarme de allí, pero no era suficiente. Yo necesitaba algo mas. Tampoco había vuelto a ver a los otros dos españoles y como yo no pusiera de mi parte la reunión iba a convertirse en una simple anecdota. Sin embargo Marzo llegó y con él el buen tiempo y las buenas noticias. Mario iría a Roma y eso era algo muy alentador. Era el momento de recuperar el tiempo perdido. También Rosa, Claudia y Jesús se marcharían de Murcia y con suerte disfrutarían de un gran año. Pero lo mejor llegó el 5 de Marzo. Esa era la noticia que había estado esperando toda la semana. Esa que comenzó mal el Lunes y finalmente se resolvía ese Viernes. Había llegado el momento de dejar las cosas claras.
Cuando Antonio subió a aquel autobús sentí lo que llevaba sintiendo todo el verano. Otro mas que se iba y como si fuera la propia muerte la que se lo llevaba yo iba vislumbrando poco a poco cómo llegaba mi hora. Bea había sido la primera en marchar aquella mañana y realmente no podía hacerme a la idea de que no la fuera a ver en tanto tiempo, aunque lo cierto es que una vez habíamos pasado casi 5 meses sin estar juntos. Pero quería decirle adiós a Rosa pues también era alguien muy importante para mi asi que Claudia y yo nos dirigimos para su casa y por el camino pasamos a recoger a Adriana quién casualmente estaba llegando en el momento en el que entramos en su calle. Ya los tres dispuestos nos dirigimos a ver a nuestra amiga y allí nos recibió, algo pachucha, pero con su entera disposición para aguantarnos a los tres. Una vez finalizada la visita otro abrazo y mas buenos deseos. Me sentía muy extraño. Era como si hubiera perdido parte de mi. Esos dos años en artes me habían transformado completamente. Ya no me sentía el Rondador independiente y seguro capaz de superar cualquier cosa. Ahora me sentía débil por tener a tanta gente sobre la que poder descargar todos mis sentimientos, sentía que podía abrirme a los demás y eso me daba miedo. Mucho miedo. Miedo a que me hicieran daño al igual que había ocurrido tres años atrás. Pero era tan cómodo que ya no quería, o no podía, desprenderme de esa situación. Me había ablandado mucho y había dejado de pensar en mi para pensar demasiado en los demás. Había dejado escapar a la chica perfecta por no haber querido arriesgarme, había dejado de lado mis proyectos para centrarme en lo que era estrictamente lo correcto, había dejado de hacer locuras para seguir los horarios y decirle a los demás lo que tenían que hacer mientras ellos si eran beneficiarios de sus propias locuras. Ya no perseguía ninguna motivación. Ese verano lo había dedicado enteramente a intentar hacer feliz a todos mis amigos. Eso era algo que me llenaba enormemente, pero ¿qué había de mi?. Y no estoy hablando de que la gente no hiciera nada por mi, pues durante ese tiempo había conocido a la mejor gente del mundo, pero era hora ya de dejar de ser el imbécil responsable y dejar salir todos mis impulsos. "En América" me decía, pero sabía que era una excusa, que siempre iba postergando ese cambio. No, lo que yo necesitaba era un choque emocional. Pero a lo bestia.
Faltan 13 días
El Spring Break avanzaba a un ritmo alarmante. Todos tenían sus planes menos yo, tonto de mi, que se iba a quedar en Hampshire aislado del mundo. Pero claro, todos tenían sus propios planes. Lo que mas odiaba era la independencia de mis compañeros. Sentía que no podría ser realmente amigo de nadie pues nunca se establecían lazos lo suficientemente fuerte. Y yo me había malacostumbrado a tener muy buenos amigos. Si hubiese llegado a Hampshire con 16 años habría sido feliz en ese ambiente solitario y de auto meditación, pero yo lo que necesitaba era una persona con la que estar horas y horas en un balcón hablando a la vez de todo y de nada. Ondrej era de mis mejores apoyos en el Campus, pero sus situación hacía que lo viera poco por semanas. También Susana, a la que solía visitar a su cuarto, era una excelente descarga de emociones, pero breve pues sus innumerables assignments no le daban ni un respiro para poder dedicarse a otras cosas. Y yo lo que quería era salir y aprovechar que estaba en America. Al menos mis padres iban a llegar en 3 semanas para sacarme de allí, pero no era suficiente. Yo necesitaba algo mas. Tampoco había vuelto a ver a los otros dos españoles y como yo no pusiera de mi parte la reunión iba a convertirse en una simple anecdota. Sin embargo Marzo llegó y con él el buen tiempo y las buenas noticias. Mario iría a Roma y eso era algo muy alentador. Era el momento de recuperar el tiempo perdido. También Rosa, Claudia y Jesús se marcharían de Murcia y con suerte disfrutarían de un gran año. Pero lo mejor llegó el 5 de Marzo. Esa era la noticia que había estado esperando toda la semana. Esa que comenzó mal el Lunes y finalmente se resolvía ese Viernes. Había llegado el momento de dejar las cosas claras.
Cuando Antonio subió a aquel autobús sentí lo que llevaba sintiendo todo el verano. Otro mas que se iba y como si fuera la propia muerte la que se lo llevaba yo iba vislumbrando poco a poco cómo llegaba mi hora. Bea había sido la primera en marchar aquella mañana y realmente no podía hacerme a la idea de que no la fuera a ver en tanto tiempo, aunque lo cierto es que una vez habíamos pasado casi 5 meses sin estar juntos. Pero quería decirle adiós a Rosa pues también era alguien muy importante para mi asi que Claudia y yo nos dirigimos para su casa y por el camino pasamos a recoger a Adriana quién casualmente estaba llegando en el momento en el que entramos en su calle. Ya los tres dispuestos nos dirigimos a ver a nuestra amiga y allí nos recibió, algo pachucha, pero con su entera disposición para aguantarnos a los tres. Una vez finalizada la visita otro abrazo y mas buenos deseos. Me sentía muy extraño. Era como si hubiera perdido parte de mi. Esos dos años en artes me habían transformado completamente. Ya no me sentía el Rondador independiente y seguro capaz de superar cualquier cosa. Ahora me sentía débil por tener a tanta gente sobre la que poder descargar todos mis sentimientos, sentía que podía abrirme a los demás y eso me daba miedo. Mucho miedo. Miedo a que me hicieran daño al igual que había ocurrido tres años atrás. Pero era tan cómodo que ya no quería, o no podía, desprenderme de esa situación. Me había ablandado mucho y había dejado de pensar en mi para pensar demasiado en los demás. Había dejado escapar a la chica perfecta por no haber querido arriesgarme, había dejado de lado mis proyectos para centrarme en lo que era estrictamente lo correcto, había dejado de hacer locuras para seguir los horarios y decirle a los demás lo que tenían que hacer mientras ellos si eran beneficiarios de sus propias locuras. Ya no perseguía ninguna motivación. Ese verano lo había dedicado enteramente a intentar hacer feliz a todos mis amigos. Eso era algo que me llenaba enormemente, pero ¿qué había de mi?. Y no estoy hablando de que la gente no hiciera nada por mi, pues durante ese tiempo había conocido a la mejor gente del mundo, pero era hora ya de dejar de ser el imbécil responsable y dejar salir todos mis impulsos. "En América" me decía, pero sabía que era una excusa, que siempre iba postergando ese cambio. No, lo que yo necesitaba era un choque emocional. Pero a lo bestia.
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